lunes, 9 de enero de 2012

Colmada de turistas, Venecia también sufre la tormenta económica de Italia

Parece imposible hablar de crisis cuando se circula por los puentes de Venecia atestados de turistas, una plaza San Marco desbordante de todos los idiomas posibles y colas interminables para ingresar a cualquier Palazzo que valga la pena visitar. En esta ciudad entran 20 millones de turistas por año, pero no por eso la situación aquí deja de ser preocupante. Como en el resto de Italia, aunque no se vea tanto, la gente también siente el impacto de la peor tormenta económica desde la Segunda Guerra mundial
El periodista argentino Ruben Oliva, que vive en Milán y ha rodado documentales sobre esta ciudad, asegura que Venecia se está convirtiendo en una especie de Disneylandia: La gente viene por un día, mira y se va, grafica. Pocos se quedan a dormir, muchos de ellos lo hacen en los enormes cruceros que amarran en el puerto y otros tanto se llevan su sándwich para evitar ir a un restaurant. Los comerciantes se quejan por este fenómeno y dicen que hay menos turistas estadounidenses y europeos –que solían gastar bastante- y que hay más asiáticos, que tienden a mirar más y desembolsar poco. Los franceses y los estadounidenses, que antes solían arrasar, ahora cuidan su bolsillo: Compran menos. Esto es por la crisis mundial, dice Leandro Valente, un vendedor de cristales de Murano.
A esta situación se suman los recientes planes de ajuste del gobierno de Silvio Berlusconi –aún no entraron en vigencia los de Mario Monti— que también dejan su huella en esta ciudad. A orillas del Gran Canal, un grupo de estudiantes está librando una pelea para que la Universidad –que tiene menos presupuesto- no venda un valioso palazzo, sede de la Facultad de Urbanismo.
Parece un escenario argentino, con pancartas pintadas a mano y un puñado de estudiantes que tomaron el Palazzo Ca`Tron y duermen en colchones instalados en una habitación del imponente edificio de tres pisos y un amplio jardín. Intentamos, como estudiantes y ciudadanos venecianos, que este edificio no se venda a particulares, dice Ricardo Bermani, de 23 años. El lugar pertenece a la Universidad de Urbanismo y Arquitectura de Venecia, señala. Pretenden venderlo para hacerlo efectivo. Porque este edificio vale mucho, cuesta como mínimo 30 millones de euros. Está sobre el Gran Canal, es muy importante, frente al Casino de Venecia., explica. La Universidad lo quiere hacer efectivo para poder tener dinero, para luchar contra esta crisis, para conseguir mantener la Universidad, pero no es una forma que consideremos acertada.
El profesor de Urbanismo Stefano Boato, que apoya la toma, pone contexto al tema: La Universidad tuvo muchos recortes a nivel nacional. El gobierno ha ido dando cada vez menos financiamiento y cada vez hay menos personal. Por cada uno de nosotros que se jubila, se reemplaza a menos de la mitad, cuenta el profesor. Y destaca que la Universidad ya ha vendido tres o cuatro palazzos sobre el Gran Canal para transformarlos en hoteles, para hacerlos caja.
Los proveedores del Estado también tienen problemas por los recortes. Carlos Brassesco, arquitecto argentino que tiene uno de los talleres de máscaras artesanales más tradicionales de Venecia –y que suele facilitar sus materiales a grandes producciones de Hollywood- explica que él solía participar en la ornamentación de los grandes eventos de la ciudad, como el Carnaval. Pero señala que tuvo que reducir su taller porque por el ajuste de presupuesto de la municipalidad de Venecia le pagaban mucho tiempo después, mucho menos o no le pagaban. Y dice que, por los recortes, el Carnaval del año próximo aún no está organizándose.
A pocos kilómetros de Venecia, en tierra firme, está la ciudad de Marghera, que supo ser un polo industrial poderoso y pujante hace unas décadas. Es la contracara de Venecia: nada de encanto y romanticismo, pura fábrica, humo y acero. Pero este centro fabril, que antes solía albergar a 40.000 obreros que trabajaban en astilleros, siderúrgicas, fábricas de plásticos, aluminio, vidrio, etc., ahora parece una ciudad fantasma.
La zona cambió, dice Marica Giacomini, dueña de una tabacchería enfrente de la zona que solía ser un hormigueo de trabajadores. Ahora no hay tránsito. Hace dos o tres años había cola de autos de obreros que volvían a su casa porque salían de las fábricas, cuenta. Su marido, Sabatino Angeloni, señala: La situación en este momento es muy crítica porque las fábricas que cerraron son cuatro, de distintas empresas y se habla casi de 2.000 personas.
Umberto Tronchini, secretario de la principal central obrera italiana, la CGIL, en el Véneto, traza un panorama dramático: La que estamos viviendo es la peor crisis. Porque el Véneto siempre se destacó por tener su propia producción que permitía tener un nivel de ocupación que era, después de la Lombardía, la segunda región italiana en términos de posibilidades ocupacionales. Había un desempleo muy bajo. Hoy, el Véneto está sufriendo un fuerte incremento de la desocupación, en particular la provincia de Venecia que sufre mucho más.
En Italia uno de cada tres jóvenes está desempleado. El Estado italiano es uno de los más endeudados del mundo (1.9 billones de euros, el 120% del PBI) y los planes de ajuste de los últimos años suman unos 70.000 millones de euros.
En la región de Verona, más al norte en el territorio italiano, la situación no es demasiado diferente a la de Venecia y el resto del país. Susana La Salvia, una locutora argentina que vive hace varias décadas en Italia, cuenta que la ciudad de Romeo y Julieta hoy tiene un paisaje singular, con negocios cerrados y casas en venta. La cosa está un poquito peor, se están viendo muchos negocios vacíos o que abren, sobreviven dos meses y tienen que cerrar porque no pueden mantener los costos, señala. También hay muchas empresas que mandan a la gente a su casa y les siguen pagando el salario mínimo mientras esperan a ver qué pasa.
http://www.clarin.com/mundo/Crisis_europea_0_611339129.html

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